El folklorista Christian Herrera contó que al momento de ingresar al estadio en el cual la Selección Argentina de Fútbol se mediría contra Jordania, recordó a sus amigos de la infancia que jugaban descalzos con pelotas de trapo, en las calles de tierra de Morillo, Salta. “Se me atravesó la vida”, confesó emocionado. Hace una semana viajó a Estados Unidos, junto a su familia, para cumplir su sueño.
El cantante folklórico, Christian Herrera, se emocionó al recordar a sus amigos de la infancia, en el ingreso Estadio “AT&T” o “Dallas Stadium”, en Arlington, Texas, Estados Unidos, el pasado 27 de junio, para disfrutar en familia del cuarto partido mundialista que la Selección Argentina de Fútbol terminaría ganando por 3 a 1 a Jordania.
“Crecí con pelota de trapo jugando en la calle de tierra. Lo que sentí…me atravesó la vida. Me pongo medio flojo para hablar porque me atravesó la vida”, confesó, emocionado, el artista Consagrado en los Festivales de Cosquín y Jesús María.
“Entrando al estadio se me vino a la memoria cuando era niño, cuando jugaba con mis amiguitos en el barrio, cuando íbamos a jugar campeonatos en el al pueblo y mi viejo era el que armaba el equipo del barrio y nos llevaba. Había niños en mi pueblo que jugaban descalzos a la pelota”, dijo.
El también presidente de la fundación “Morillo Canta por los Niños”, dijo que en su familia nunca faltó nada, que aunque a veces las zapatillas estaban rotas, tenían, pero no pudo evitar recordar que “había niños que jugaban los campeonatos con nosotros, descalzos… y a las comunidades Wichí…uf, me cuesta hablar. Pero todo eso se me atravesó”, expresó notoriamente compungido.
“Es hermoso poder estar ahí en representación de ellos y poder imaginar que todo niño tiene derecho a soñar y a concretar sus sueños y lo pude lograr viniendo desde ahí, desde ese lugar, desde ese rincón en el que uno naturaliza un montón de cosas y no debería ser así”, reflexionó.
Además, aprovechó la oportunidad para señalar que muchos de aquellos niños, siguen siendo sus amigos y que cada vez que vuelve a su pueblo, se abrazan, saludan y comparten, aunque “hay otros que ya no están”.
“Tenía un amigo Wichí, que le decíamos “Morocho”. Era un negro grandote ‘así’. Juagaba en la defensa, descalzo y él nos ayudaba un montón a ganar. Me acordé de él, de sus hermanos. Había otro que le decíamos “Mellizo”. Hermoso. En ese momento me acorde de todos ellos y me acorde de mi viejo: Se levantaba a las siete de la mañana. Nosotros jugábamos los campeonatos a las nueve de la mañana y a las siete él ya andaba casa por casa, golpeando la puerta a los padres para que los levanten a los chicos, que había que ir a jugar”.
Herrera, quien se reconoce como “un loco del fútbol”, hace más de dos años comenzó a planificar este viaje junto a su familia y, si bien no suele publicar experiencias personales en sus redes sociales, ésta fue una ocasión que quiso compartir con sus seguidores.
“Soy un futbolista frustrado, así que no me iba a perder por nada del mundo este último mundial de Messi”, recalcó, sin dejar destacar lo maravilloso de ver a un equipo “aceitado” dentro y fuera de la cancha y de admirar los valores que transmite el capitán de la Selección, dentro y fuera de la cacha.
Reconocido hincha de River, supo incursionar en el fútbol, destacando como volante central o por derecha, posiciones en las que asegura sentirse cómodo jugando. A pesar de tener “la banda” atravesada en el pecho, ha sabido compartir con la hinchada de Boca, gracias a la guitarra como “llave” y clave para compartir, aseguró entre risas.
A dos días de regresar a la Argentina para cumplir con una cargada agenda de espectáculos en julio próximo, tras calzarse su sombrero y mezclarse con la hinchada argentina, no puede evitar recalcar la cantidad de años que trabajó para hacer posible este sueño, siempre agradecido de “Dios, la música y la gente”, que hicieron posible el presente que hoy está celebrando.