LOS 20 AÑOS DE MORILLO CANTA POR LOS NIÑOS FUE UN EXITAZO

La 20° Edición del Festival Morillo Canta por los niños, fue un éxito absoluto, en sus tres jornadas, muy a pesar de las condiciones reinantes en gran parte del territorio centro y norte de Argentina.

Coronel Juan Solá, volvió a vestirse de fiesta, gracias a la fiesta folklórico – solidaria que lleva adelate el consagradísimo Christian Herrera, iniciativa que naciera hace dos décadas atrás, fruto de su padre quien, familia entera mediante, transformó al mencionado evento, en una realidad que hoy reúne a todo el país.

Figuras de la talla de Mario Álvarez Quiroga, Los Nocheros, Jorge Rojas, Lázaro Caballero, Sergio Galleguillo, El Indio Lucio Rojas, Iván Ruíz, Ángelo Aranda, Las Voces de Orán, el mismísimo Christian Herrera y muchos más, fueron de la partida sin igual, de una fiesta que no deja de crecer y prometer.

A pesar de la lluvia constante durante los tres días del evento, el público fue igual, los seguidores del cantor salteño, hicieron miles y miles de kilómetros para sumarse a una fiesta que se vuelve cada vez más grande, pero también para ser de la partida de la consigna benéfica del festival: motorizar una propuesta con vidriera nacional, que comunique las necesidades de una población que convive en situaciones de honda vulnerabilidad.

De esa manera, el festival es medio a través del cual se hace llegar un mensaje a toda la Patria: la necesidad de instrumentar medidas políticas urgentes para mejorar las condiciones en las que vive un pueblo mixto, entre nativo y criollo, en un mismo territorio argentino y originario.

Así, el escenario se transforma en un espacio de visibilidad y consciencia, en el cual se exponen realidades que demandan urgente atención, razón por la cual, médicos voluntarios de todo el país, tomaron la palabra durante la tercera noche del evento, subiendo al escenario, contaron de dónde eran y la realidad con la que se habían encontrado.

La paupérrima realidad de Morillo atraviesa a su población y comunidades afines, desde el pésimo estado de las rutas de acceso, la carencia de agua potable para consumo humano, la ausencia de motores productivos – frenados por la naturaleza nativa y protegida de sus montes -, más una evidente ausencia del Estado.

La realidad se manifiesta compleja, por cuanto la comunidad criolla y la comunidad nativa conviven en un mismo territorio, la cual se impone desde el criollaje, frente a la casi hermética naturaleza del pueblo originario, que se resiste a la avanzada sobre su cultura, en una primera percepción de lo vivido.

Las diferencias estructurales entre ambas sociedades, claman una integración que pareciera imposible y que se evidenciara en el día a día que se expone ante la mirada de los incrédulos turistas.

El escenario, por lo tanto, deja de ser aquel que se llena de luces artificiales, para dirigir la mirada hacia aquella brecha cultural que se materializa ante los ojos de quienes asisten a un festival, pero se encuentran con una realidad que demanda mucha más atención.

Independientemente de las diferencias culturales entre ambas comunidades, comparten territorio, razón por la cual, las necesidades son compartidas, sobre todo en materia de salud. Por esa razón, es que una de las campañas más importantes que enarbolan la cruzada solidaria de Morillo, es la de los Operativos Sanitarios que se llevan adelante entre dos y tres veces al año, los cuales cuentan con el acompañamiento de médicos de distintas partes del país, que viajan miles de kilómetros para asistir voluntariamente a la necesidad de la población toda.